PARTE 6 DE 10: LAS PRUEBAS IRREFUTABLES – El Silencio Sísmico, el Ozono y la Química de lo Imposible [FR | DE]
Hasta ahora hemos hablado de lo que se vio: torres que se pulverizan, edificios que colapsan sin ser golpeados, destellos misteriosos. Pero la prueba más aplastante del uso de armas exóticas el 11 de septiembre no proviene de los videos, sino de lo que no se vio y de lo que se olió. Hablamos de los datos sísmicos, de los olores reportados por los socorristas y de la composición química del polvo de Ground Zero. Estos elementos constituyen el "cuerpo del delito" que la versión oficial nunca logró explicar coherentemente.
El Silencio de los Sismógrafos: La Prueba del "Ningún Explosivo"
Uno de los argumentos más técnicos y decisivos, a menudo ignorado por los medios, es el análisis de los sismogramas registrados por el Observatorio Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, situado a unos 34 km de Nueva York.
Los sismógrafos son instrumentos extremadamente sensibles capaces de detectar vibraciones en el suelo. El día del 11 de septiembre, registraron claramente dos eventos distintos: el impacto del primer avión contra la Torre Norte y el impacto del segundo avión contra la Torre Sur. Los picos en el gráfico son nítidos e innegables.
Sin embargo, y este es el punto crucial, no hay ningún pico sísmico significativo correspondiente al inicio de los colapsos.
Si se hubieran usado toneladas de explosivos (como lo requiere cualquier teoría de demolición controlada convencional), los sismógrafos habrían detectado explosiones potentes y secuenciales antes de que los edificios comenzaran a moverse. En cambio, el gráfico permanece plano, silencioso. La señal sísmica aumenta solo cuando la masa de las torres (o mejor dicho, el polvo) comienza a golpear el suelo.
Este "silencio" preliminar prueba que no hubo grandes explosiones en el suelo o en la estructura. Las torres cedieron "en silencio", coherentemente con una acción de disgregación interna instantánea causada por un rayo energético (DEW), que no genera ondas de choque mecánicas como los explosivos químicos.
El Olor a Ozono y Metal Quemado: La Firma de la Energía Eléctrica
Mientras los sismógrafos callaban, las narices de los socorristas gritaban. Cientos de bomberos, policías y voluntarios que intervinieron en Ground Zero reportaron en sus testimonios un olor punzante, distinto e innatural. No era el olor habitual de incendio edilicio (madera, plástico, goma quemada). Describían un olor a "ozono", a "metal quemado" o a "descarga eléctrica".
El ozono (O3) es un gas que se genera típicamente cuando el aire es ionizado por descargas eléctricas de alto voltaje o por haces de partículas de alta energía. Es el olor que se siente cerca de un transformador eléctrico explotado o durante una tormenta con muchos rayos.
La presencia masiva de este olor durante días y semanas después del ataque sugiere que el aire y el polvo habían sido cargados eléctricamente o ionizados por una energía de tipo diferente al fuego. Es la "firma" química dejada por un arma de energía dirigida.